jueves, 15 de mayo de 2014

y empiezo de nuevo

Este es un texto que muy poca gente leerá porque este blog ya casi no lo lee nadie. Lo he abandonado, casi como en cierto sentido me he abandonado a mi misma desde que tengo un trabajo fijo y mi vida empezó a ser algo más lineal. Digo algo más lineal porque creo que no puedo aceptar una vida lineal. No me debe gustar. Cuando me meto en todos esos líos en los que me meto a veces me da por añorar la simplicidad de una vida sencilla, una vida de esas con un patrón de un solo trazo llena de falsas seguridades y plagada de tópicos de Walt Disney. Pero la realidad es que en cuanto me queda un mínimo esbozo de paz consigo arreglármelas para romperlo, de modo que entiendo que la paz no debe de ser para mí.

Hoy estoy agitada. Comida por fantasmas que en realidad no son tales, hundida por el peso de mis decisiones locas y con una tremenda sensación de que podría estar haciendo más por mí y por mis compañeros. Soy una apasionada y eso es mi mayor virtud y mi mayor condena. No sé despojarme de ese fuego irracional que combustiona mis pensamientos y mis actos. A veces me veo como un personaje de comedia griega, siempre llorando ya sea de risa, de emoción o de dolor. Lo siento todo tanto que me extraña no tener ya todo el pelo cano.

Hace un par de años, antes de llegar a donde estoy ahora tuve una época especial. Fueron unos años muy especiales llenos de aprendizaje. Fueron años muy duros, difíciles pero tan sumamente enriquecedores. Trabajé con gente que me ayudo a crecer como pocas veces antes en mi vida. Empecé a tener convicciones muy fuertes, sobre mí, sobre el equilibrio entre mi yo y mi alrededor. Me dediqué tiempo y le dediqué tiempo al mundo que me rodeaba. Lo echo de menos. Ahora me miro y ya no me veo. No me queda resuello. No escribo. No leo. No observo. No tengo tiempo, o fuerzas o fuerzas para encontrar ese tiempo. Más bien esto último.

Añoro mis viajes en el tren de cercanías desde Vicálvaro al centro de Madrid. En esos trenes viajaba mucha gente que me recordaba todos los días la miriada de vidas que coexisten tan cerca de nosotros. Los trabajadores extranjeros, los pobres desdentados de El Pozo, la clase media oficinista, los abuelos que cuidan a los nietos para que sus hijas puedan trabajar. En medio de eso yo, una especie de bestia parda, mixta, polivalente, un oximoron con patas. Echo de menos esa realidad que me hacía sentirme tan viva. Ahora a veces me siento en una burbuja, recibiendo toda la información en diferido mientras pierdo la fe en mi humanidad.

El otro día vi una obra de teatro que recordó todo lo que soy y lo que puedo ser. “Un pedazo invisible de este mundo”. Me recordó que tenemos muchas cosas por las que luchar. Hay que cambiar el mundo, desde adentro hacia afuera. Pero ayer se me olvidó todo y me caí en un pozo muy negro y muy feo. Ayer se me olvidó que yo soy muy necesaria, como lo eres tu que me lees. Se me olvidó que si yo estoy bien el resto da igual. Se me olvidó que la vida es del color de la que lo pintas, y dejé que una minucia me ensuciara el cuadro en el que quiero vivir.


Deberíamos ser mucho más listas. Deberíamos ser mucho más enteras. Todavía más. Porque somos muy necesarias. Todas. Y todos. Después de visitar los infiernos, reboto en el fondo y empiezo a subir como una sirena, deslizándome a través de este post. Me cambio mi anillo de dedo para recordar que tengo que tomarme el tiempo de ser lo que quiero ser. Y empiezo de nuevo. Mucho mejor. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo te leo. Y me gusta mucho. Ése es el ánimo que te mando. Y las gracias.

AHundredAndTwelve dijo...

Hola Lula - Alexia will be 40. Come to London! Email me, same address as years ago :-) xxx